17 diciembre 2010

Y ya pasó un año...

Hoy se casó C por el civil. Hace unos meses, D.

Cuando vi las fotos de D en su boda religiosa –aún con su panzota de embarazo– no pude contener la envidia. Tampoco puedo envidiar las palabras que C le dedica a A porque la ama.

A veces veo parejas caminando por la calle, familias en las plazas y me doy cuenta de que mi vida no podrá ser así, tan idílica.

Mis hermanas me critican porque el hombre que escogí para ser padre de mi hijo no es el más adecuado. Pero ellas no saben todo lo que he tenido que pasar desde que estaba en la secundaria al ver cómo mis amigas ya salían con sus noviecitos, cómo luego en la prepa el asunto era más formal y como a partir de los 20 años algunas se fueron casando.

Cuando estaba en la secundaria, prepa y carrera, me preguntaban si ya tenía novio y yo les contestaba que no. Veía las risitas burlonas de mis cuñados y me preguntaba a mi misma el por qué de estar solita. Mi autoestima comenzó a debilitarse al punto de sentirme horrible, flaca, sin chiste. A lo mejor no estaba tan lejos de serlo. También influyó mi extrema dependencia a mi madre, cosa que tampoco podía evitar hasta ese momento.

Cometí muchos errores cuando comencé a trabajar. Me dejé llevar por el interés de ciertas personas que nada más querían jugar conmigo. Pero yo me sentía contenta porque al fin alguien se fijaba en mí. Siempre personas que no me llevarían a ningún lado.

Conocí a E. El mostró interés desmedido por mí. Comenzamos a salir, me decía cosas bonitas, me regalaba cosas, se preocupaba por mi y otras muchas cosas que me hicieron enamorarme de él aún cuando no era el hombre más bello del mundo. Entonces esa dependencia a mi madre y mi infantil comportamiento hicieron que él se alejara, que buscara a esa mujer madura y fuerte que esperó encontrar en mí y que nunca apareció. Y cuando la encontró en G, para mi fue devastador. La poca autoestima que había logrado, de nuevo se hizo polvo dándome ganas de dejar de vivir y aunque lo intenté, la cobardía pudo más para dejarme viva.

De nuevo comenzaron los errores garrafales. Y aun cuando yo sabía lo que estaba mal, no quería cambiarlo porque era la única forma de sentirme querida, según yo.

Tres años pasaron en los que conocí toda clase de patanes que solo me querían para un ratito. Y los que no, no me interesaban en lo más mínimo por ser exactamente como yo, débiles hasta para pedirme salir al cine.

CG llegó en el momento de la cúspide de mi depresión. Pero demostró interés más allá de una sola noche. Yo se que no es lo que todo el mundo espera, que todos me critican porque lo elegí a él, que él mismo me ha hecho mucho daño en múltiples ocasiones, pero aún seguimos juntos después de un año.

Asi es, me cansé de esperar a mi príncipe azul que nunca apareció. A lo mejor si podré formar mi pequeña familia idílica con CG o tal vez dentro de unos meses me quede sola. No lo sé. Pero mientras tanto solo quiero un poco de comprensión y aunque me este muriendo de envidia (de la buena) de ver a mis amigos felices y realizados con sus parejas normales, yo voy a seguir luchando por estar contenta con mi pareja anormal.

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